Nutrición en el Síndrome Nefrótico

Cuando tenemos un hijo con síndrome nefrótico, crear hábitos alimenticios saludables es una tarea fundamental. Es una manera de prevenir problemas futuros
y no contribuir a deteriorar la salud de sus riñones, que ya tienen un compromiso por la propia enfermedad. Para aquellos padres cuyos hijos son
diagnosticados a una edad temprana es tal vez más fácil crear buenos hábitos alimenticios, ya que los gustos de los niños pueden ser orientados hacia la
comida saludable desde que son muy pequeños. Una situación diferente viven los niños que ya tienen desarrollado el gusto hacia alimentos procesados y con
una edad más avanzada, deben empezar una rutina de alimentación saludable.

No cabe duda de que la alimentación de los niños con SN debe ser vigilada cuidadosamente por sus padres, sobretodo porque actualmente vivimos inmersos en
un mundo lleno de publicidad engañosa y productos industrializados con alto contenido de grasas, azúcar y otros aditivos que, tristemente, una vez que son
probados por los más pequeños de la casa, casi siempre se convierten en sus preferidos.

Para cada enfermedad causante de Síndrome Nefrótico, hay pautas específicas en cuanto a aporte calórico y proteico, que dependerán del grado de compromiso
renal y estado general del paciente y serán dadas por el nefrólogo y/o nutricionista, pero hay algunas reglas generales que hay que cuidar y fomentar en
nuestros pequeños desde el principio:

  1. Llevar una dieta rica en alimentos frescos, verduras y frutas. Estos ayudan a saciar el hambre y a disminuir el consumo de otros alimentos menos
    ricos nutricionalmente. Además, aportan las vitaminas que necesita su sistema inmunológico para funcionar adecuadamente. Tomar 5 raciones de frutas
    y verduras al día, tal como recomienda la OMS para cualquier persona sana, es una necesidad aún más importante para los niños con cualquier
    afección renal.

  1. Suprimir y/o reducir el uso de sal en la preparación de comidas en casa y elegir siempre alimentos con bajo contenido de sodio. Los sustitutos de
    la sal a base de cloruro potásico que encontramos en el mercado tampoco son convenientes. Los condimentos que lleven el prefijo SAL, como sal de
    ajo, sal de apio, etc, tienen en su composición sal común a la que se agrega la especie mencionada, así que tampoco se aconseja su uso. La mejor
    manera de potenciar el sabor de los alimentos es usar especies naturales en su preparación: el ajo, el perejil y el vinagre son excelentes
    ayudantes a la hora de potenciar el sabor de nuestros platos.

Para cocinar comidas con bajo contenido de sal se hace necesario partir de alimentos no procesados, lo que para los padres trabajadores de hoy en día se
hace complicado de lograr todos los días. Si en algún momento debes usar alimentos enlatados o envasados, selecciona aquellos que tengan bajo contenido de
sal (hoy en día conseguimos conservas, salsas y caldos sin sal) y si usas verduras o legumbres en conserva, es recomendable aclararlas en un colador bajo
el agua antes de servirlos o cocinarlos. Así, el alimento perderá una buena cantidad de sal y potasio.

  1. Eliminar los productos de bollería industrial e intentar cocinar en casa con la menor cantidad de grasa posible. No hay que suprimir completamente
    las grasas, pero debemos intentar siempre usar aceite de oliva virgen y reducir las frituras. Hay infinidad de recetas que pueden salir igual de
    buenas cocinándolas en el horno con la mitad de la grasa que las frituras.

La elección del aceite de oliva virgen para la alimentación, especialmente en época de crecimiento, tiene una serie de ventajas saludables y da la
seguridad de ser un alimento sin manipulaciones industriales que hayan podido alterar sus componentes. En otro artículo de esta sección hablaremos más
ampliamente de las ventajas de usar aceite de oliva virgen.

Los productos de bollería industrial por su parte, contienen en su mayoría, grasas hidrogenadas que aumentan los niveles de colesterol en sangre. Aunque
eliminar estos productos de la dieta de nuestros pequeños en edad escolar es difícil, hay que buscar las alternativas más saludables. Hay que tomar en
cuenta que mientras más suave y esponjoso sea el producto y se conserve así por más tiempo, más grasas hidrogenadas tendrá en su composición (magdalenas,
bizcochos, donuts, croissants y panes dulces industriales) y que podemos conseguir opciones con menos grasas, igualmente deliciosas (galletas crujientes,
panecillos, etc).

  1. Reducir al máximo posible, la ingesta de comidas preparadas, industrializadas y snacks salados (patatas fritas, bolas de queso, tortillas de maíz
    saborizadas) tan populares en las dietas infantiles hoy en día. Esto incluye muchos productos congelados como nuggets de pollo, pizzas, palitos de
    pescado, croquetas preparadas, etc.. Muchos productos congelados agregan a sus etiquetas la palabra “casero” para dar confianza al consumidor, pero
    si leemos detenidamente las etiquetas, veremos que están llenos de sal, conservantes y potenciadores de sabor que en nada enriquecen la dieta de
    nuestros pequeños.

Hay que recordar que los niños aprenden lo que ven en casa, así que hay que ayudarlos a llevar su rutina de alimentación saludable en familia e intentar no
hacer diferencias con lo que comen los demás miembros de la familia. De esta manera sus nuevos requerimientos nutricionales también traerán beneficios al
resto de la familia.